En lo que a autorrealización respecta, el bienestar personal resulta imprescindible. Este depende del cumplimiento de ciertas condiciones básicas que garanticen estabilidad a la persona, proporcionándole una debida holgura para permitirse pensar en asuntos mayores. Sin embargo hay un componente fundamental que oscila entre lo interno y la realidad externa que enfrenta el individuo; aquella partícula de interioridad que, paradójicamente, reside afuera.

Hasta el más audaz y autosuficiente se aferra a algo. Las creencias, deposíteseles donde se quiera, cumplen el rol de refugio, de sostén. Si bien en Venezuela predomina el catolicismo, vertientes como la santería y el espiritismo han tomado cada vez más protagonismo. Sin distinción de género, edad, ocupación y estrato social, el espiritismo ha logrado adentrarse en Venezuela desde el hogar más humilde hasta las esquinas de más prestigio.

El término presenta una ambivalencia: espiritismo como contacto con los espíritus y  como creencia que define el origen, el destino y la naturaleza de los espíritus. De cualquier manera se relaciona con el más allá y plantea la posibilidad de que los espíritus  puedan entrar en contacto con los seres humanos.

La santería se encuentra por naturaleza dentro del compendio espiritista y  corresponde al denominado sincretismo religioso, ya que combina elementos de la mitología yoruba -oriunda del este de África- con prácticas indígenas y expresiones del catolicismo. A pesar de que algunas particularidades varían conforme a la región en que se practica, ciertos elementos se mantienen fijos, por ejemplo el uso del tabaco, fundamental e indiscutible para purificar e invocar las ánimas.

Se ha hablado mucho de la presunta presencia de elementos espiritistas en la moneda venezolana, como la del dios Eleguá en el de 100 bolívares

Encabezado por María Lionza acompañada por el Negro Primero y el cacique Guaicaipuro, el panteón del espiritismo venezolano cuenta con veintiún cortes, cada una nombrada a partir de quienes la conforman. Algunas de las principales son: La Corte Celestial, conformada por santos católicos; La Corte Indígena Venezolana, por caciques e indios; La Corte Negra, por esclavos negros y brujos o brujas de color; La Corte Libertadora, por próceres de la independencia; La Corte Médica, por doctores y enfermeras; y  La Corte Malandra, presidida por el malandro Ismael.

Foto por Pavlo Castillo

Ésta última se encuentra en el escalón más bajo del compendio, quizás por la evidente carga peyorativa de sus integrantes –por los menos bajo la luz de un análisis ético-moral. No obstante, cuenta con gran participación en la que predominan madres, jóvenes y niños. Basta con pasar unos minutos en el Cementerio del Sur para evidenciar la devoción que demuestran los presentes a Ismaelito. Su estatua no pasa un segundo sin un cigarrillo prendido en la boca; bañado en aguardiente pareciese contemplar con serenidad a todo quien enciende un tabaco y lo deja a sus pies al terminar. Los más pequeños no se quedan atrás y encienden su tabaco también puesto que no es visto como un vicio o algo propio de la vida adulta sino más bien un instrumento para el alma y la conexión con los espíritus.

Foto por Pavlo Castillo

A quien mire desde afuera probablemente le resulte sumamente extraño e incluso ofensivo este tipo de prácticas, por ello tienden a desprestigiarlas o descartarlas por completo. Quise entonces adentrarme debidamente, con respeto y brazos abiertos para entender aunque sea un poco este misterioso fenómeno social.

Foto por Pavlo Castillo

Logré contactar a Ivanova, una mujer de mediana edad que se desempeña profesionalmente en el marco del espiritismo. Vive en una casa maltrecha al sureste de Caracas; al llegar noté una gran cantidad de autos estacionados en la calle rodeando un morichal y por recomendación entré con portón abierto como quien vive ahí.  Si no faltaba incertidumbre, al entrar me encontré con un par de hombres trabajando un motor, hicieron caso omiso de mi presencia y seguí de largo. Atravesé un pasillo bastante estrecho y descuidado, el suelo estaba parcialmente inundado y al final una puerta blanca de metal un poco desquebrajada me esperaba. Al abrirla di con un perro que corrió directamente hacia mí hasta que la misma Ivanova lo sostuvo y ordenó me quitara los lentes de sol. “Si te ve así se siente inseguro y va a ladrar todo el día”, dijo. Robusta, mal arreglada y con una dentadura homóloga a la puerta blanca, me invitó a pasar y entramos a una terraza al aire libre con algo más de 15 personas esperando su turno para leerse el tabaco.

Foto por Arturo Ríos

No quiero decir que me leyó la mente pero juraría que desde que puse pie en la terraza supo que tramaba algo y su trato fue completamente excluyente, puso una y más trabas para no atenderme repetidas veces.  Ivanova rechazó por completo cualquier conversación o modalidad de entrevista y tuve que retirarme. Insistí en que lejos de estigmatizarla, su intervención ayudaría a romper con prejuicios instaurados en la sociedad pero su brazo no dio a torcer.

Contacté vía telefónica a Jarold Carpio, un hombre de 40 años que vive en Aragua y es especialista en consultas espirituales. Dice guiarse en todo momento bajo la tutela de María Lionza, más que todo en torno a la Corte Indígena y practica el espiritismo mediante cartas y tabaco. Al preguntarle sobre el espiritismo en su vida, alegó que representa para él una doctrina,  una salida a cualquier problema por difícil que sea. Hablamos sobre la estigmatización del tema y me sorprendió escucharle que nunca se ha sentido juzgado por  lo que hace. “Quizás es porque cuando uno hace algo con tal entrega y convicción, no queda tiempo para preocuparse por cómo lo vean a uno –dijo-  aunque sí creo que la gente debe investigar un poco más, es una materia muy apasionante”. Me pareció curioso saber que el origen de su “habilidad” se remonta a su propia conciencia de existencia: nunca se vio desligado al contacto con los espíritus y la energía que estos emanan. “Desde que tengo uso de razón me vi atraído por esta conexión, simplemente la sentí. Yo lo que hago desde entonces es, de alguna manera, establecer un primer contacto bien sea con un nombre, situación o diatriba y las cartas y el tabaco me lo cuentan. Es difícil de explicar”. Intenté indagar acerca del perfil de quienes acuden a él por consultas pero encontré un hermetismo total, al parecer tiene mucho que ver no sólo con confidencialidad sino más bien un tema de intimidad. En palabras de Jarold, no es algo que le incumba a todo el mundo, cada quien ha de vivir con su destino y los pesares que le atañen.

Me quedo con una sensación ambigua: percibo el espiritismo definitivamente de una manera más profunda o bien fundamentada, aunque conservo bastantes espacios en blanco. No queda más que abrir más la testa y ver si, como con Jarold, la lucidez va llegando sin llamársele.

P.D: Al parecer lo que siempre debí hacer para solucionar mis problemas de vejiga es dormir en periódico enchumbado en aceite de mantarraya, al menos eso dicen el tabaco y las cartas.

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