UNA MÁSCARA PARA RESISTIR

 

Cubrir el rostro con una máscara es un gesto muy antiguo y siempre relacionado con rituales y ceremonias. Celebraciones paganas, batallas, prácticas religiosas, bailes, pasajes de iniciación; en fin, tenía el antifaz una función social, reguladora de algunos procesos colectivos y sociales en las comunidades. La máscara también sirve para asumir otra personalidad o bien dejar fluir aquella latente pero reprimida. La síntesis visual del teatro, por ejemplo, es el par de máscaras que representan la tragedia y la comedia. Y la expresión ‘quítate la máscara’ (como dice la canción),  se usa peyorativamente para acorralar al impostor y hacer que revele sus verdaderos colores. Sin embargo la verdad es que las máscaras son muy divertidas y útiles. Como no podemos andar todo el tiempo con la cara cubierta, las que terminamos inventándonos son complejísimas y pareciera que hasta diáfanas; siempre nos ven la cara pero no saben lo que pensamos ni lo que somos. La máscara con la que vamos al trabajo no es la misma que nos ponemos cuando suena el trap.

Lo mejor de las máscaras es que son una manera muy poderosa de resistir. Detrás del primer y obvio fin que es el de ocultar o proteger el rostro, sirve para mofarse del enemigo o hasta hacerle temer. El antifaz reúne una carga semiótica importante y le permite a quien la usa convertirse en símbolo de algo más grande. Como ha de poder replicarse, entonces cualquiera de nosotros con una determinada máscara, asumirá la responsabilidad de dicho símbolo. Es así como en Venezuela tras meses de conflicto y enfrentamientos de calle, las máscaras se hacen cada vez más comunes en los grupos disidentes más radicales. Aquellos que están en la vanguardia han pasado de la necesidad de usar máscaras para poder respirar a otras cargadas de un significado mucho más amplio. Hemos visto máscaras cínicas, máscaras consagradas en otras luchas similares, máscaras macabras; la evolución invertida del trapo en la cara al objeto ritual.

Así se fermenta esta galería pintada en acuarela que reúne algunas máscaras de personajes cinematográficos que resisten al status quo, al orden establecido. Una galería que para algunos puede estar llena de buenos para nada, bandidos y villanos. Otros veremos figuras más complejas y llenas sí, de contradicciones, pero por ende más parecidas a nosotros mismos y a nuestras máscaras silenciosas para resistir de por vida.

 

 

 

Bad bitch

Spring Breakers, (2012)  -click para ver trailer-

Las niñas de Spring Breakers sólo quieren divertirse; como corresponde. Descubren que son dueñas de sí durante esa pequeñísima ventana de las vacaciones de primavera, antes de volver a ser entubadas en el puritanismo del patriarcado estándar del día a día. Sin embargo en medio del desmadre terminan instrumentalizadas por una de las formas más antiguas de ese mismo patriarcado: el chulo o pimp.

James Franco asume su yo más distorsionado y las emboba con toda clase de chuches lícitas e ilícitas, las arma hasta los dientes y les da ropita cuchi. Y lo más cuchi de toda esa ropita son las máscaras a lo Pussy Riots más rosadas y más “jevita” que puedan existir. Máscaras que potencian la mejor escena del film, donde Harmony Korine sienta a Franco en un piano de cola junto a una piscina, y lo hace tocar Everytime de Miss Britney Spears. En un gesto cálido para con esa generación que retrata. Sobre todo evade la burla simplona a la estética y cultura pop, cosa que a un director como Damien Chazelle, le resultaría imposible; y termina por humanizar a los protagonistas aunque sea por unos momentos antes del caos con el que termina ese montaje.

Me gusta pensar que ellas tienen una pequeña victoria aunque sea breve y más bien simbólica: él las necesita y su ínfima cuota de poder se diluye sin la presencia de las bad bitches. La escena de la seducción devenida en abuso lo cristaliza todo. A quien hipnotizan para ponerle la pistola en la boca es a él y no a cualquiera de ellas como la reiterada historia del abuso cinematográfico femenino indica, *tos* Último Tango en París *tos*.

Rorschach

Watchmen (2009).  -click para ver trailer-

El legado del cómic es enorme y pasa sobre todo por la narrativa visual de su esquema de viñetas. Dentro de esta narrativa donde el panel dibujado es lo más importante, surgió la mayor cantidad de enmascarados de la cultura de masas. Héroes y villanos se igualan usando el recurso, unos protegen su identidad en aras del bien común y otros necesitan el anonimato para liberarse del castigo por sus crímenes. La identidad es muy preciada para ambos bandos pero la intención del cómic siempre apunta a encontrar en la máscara más honestidad y por supuesto más liberación; en muchos casos el personaje genuino no es el ser humano sino aquello que con su máscara representa.

 “Give me back, my face! “ grita Rorschach (Jackie Earle Haley) cuando la policía le arranca la máscara en la versión de Zack Snyder de Watchmen (2009). Walter Kovacs es incapaz de ver su rostro en el espejo, el único que reconoce como tal es el trapo manchado que lo cubre. Su máscara muta de acuerdo a la situación en la que se encuentre y propone para quien le mira el ejercicio psicológico del mismo nombre: interpretar por asociación libre las abstractas manchas de tinta. Este personaje no sólo está al margen de la ley, sus métodos están al margen de lo ético, en su estricto código moral no hay opacidad en el modo de mirar los hechos; las cosas, la gente, o son buenos o son malos. Rorschach es un tipo de absolutos, es un tipo radical y por eso su máscara también lo es.

 

Guy Fawkes

V for Vendetta (2005). -click para ver trailer- 

El cómic que retrata a este personaje data de 1982, sin embargo es en la película V for Vendetta (2005) producida por las hermanas Wachowski donde se vuelve mundialmente famoso. Es el símbolo fundamental de todos los movimientos de resistencia que se han gestado durante los últimos 10 años después de la explosión de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos. En los disturbios de Londres, el movimiento de indignados de Madrid, el Wall Street ocupado, el 2014 en Venezuela; no hubo ningún lugar donde Guy Fawkes no apareciera molotov en mano.

Su origen en la realidad y no en la ficción le da a la estilizada máscara un carácter particular. Fawkes formó parte de la llamada Conspiración de la Pólvora que durante los primeros años de 1600 intentaría derrocar la monarquía protestante en el Reino Unido. La conspiración fue descubierta apenas antes de la explosión de la casa del Parlamento británico y la ejecución de los conspiradores quedaría, como siempre sucede en estos casos, como prueba de poder y superioridad del sistema, como advertencia y amenaza a los que piensen distinto. V de Vendetta, recupera la fantasía de la explosión de un símbolo gubernamental, siempre corrupto, siempre opresor. El carácter religioso de la anécdota histórica desaparece en uno más contemporáneo, ese delirio de revelación casi adolescente contra un sistema, en este caso, bien fascista.

El símbolo es tremendamente poderoso y fue potenciado por la interpretación gestual y corporal de Hugo Weaving. El río de máscaras durante la secuencia final de la peli resume dónde radica su encanto, Guy Fawkes somos todos: tu hermana, el vecino, tu madre, tu esposo. La individualidad se diluye en la sonrisa socarrona del paladín. El punto máximo de apropiación lo harían los ‘hactivistas’ de Anonymous, quienes asumieron la máscara como referente de su organización; bien retratados en el documental de Brian Knappenberg, We are legion (2012). No pareciera haber una imagen más apropiada para estos grupos de hackers que trabajan en la internet profunda, oscura, y esquiva a todo tipo de regulación, con la única intención de exponer a los monstruos corporativos y gubernamentales. Siglos después cambiaron la pólvora por la data.

 

 

Ronald Reagan

Point Break (1991). -click para ver trailer-

Usar la máscara de un presidente para perpetrar un robo masivo es una fantasía clásica de Hollywood.  La regla implícita además, es que la fechoría se cometa en una institución simbólica del status quo; un banco preferiblemente. De esos que representan el ‘sistema’ con sus tentáculos burocráticos, la codicia de su modus operandi y el desdén para atender los problemas de sus clientes.

Kathryn Bigelow nos regaló la versión más moderna en Point Break (1991). Bodhi (Patrick Swayze)  usando una máscara de Ronald Reagan y trajeado de smoking, es el maestro de ceremonia del asalto. “Ladies and gentlemens, we are the Ex Presidents! We need just a few moment of your time. We’ve been screwing you for years, so a few more seconds shouldn’t matter.” dice Swayze. Nunca es tarde para que un presidente o ex presidente siga robando o aterrorizando gente, ¿no? “Please, don’t forget to vote!”, remata.

La escena siempre se renueva pero la de Bigelow sigue siendo de una maestría en dirección y edición difíciles de superar. Lo más cercano lo haría Christopher Nolan en The Dark Knight (2008) y Ben Affleck en The Town (2010), quien subió la apuesta sustituyendo a los ex presidentes y payasos por monjas.

 

Mononoke

La Princesa Mononoke (1997). -click para ver trailer-

San es una muchacha que vive en un bosque inhóspito rodeada de animales a quienes reconoce como su única familia. Anda cuchillo en mano y la mitad del metraje tiene la cara cubierta de sangre (de otros, no la suya) cuando no la lleva oculta con su máscara de batalla. Bello retrato de la incorrección política. Bello porque Mononoke, como se le conoce a San, defiende la existencia del bosque donde creció, no por un asunto individualista de quedarse sin su cuevita sino porque reconoce que la única forma de permanencia es el respeto por el otro y por la dinámica de la naturaleza.

Es la máscara más tradicional de la galería por su uso estrictamente ritual durante la batalla y hasta por su diseño tribal que recuerda un poco a las que tanto fascinaban al director alemán Fritz Lang.

Mononoke combate a Lady Boshi, fiel creyente en el sacrificio colectivo por el progreso armado e industrializado de la civilización, aun a costa de vidas, espacios naturales y barrido cultural. Eso sí tiene Miyazaki, más universal y nos matamos todos. En un relato absolutamente japonés terminó sintetizando varios vicios contemporáneos, que esos sí nunca envejecen.

 

 

Catwoman

Batman Returns (1992). -click para ver trailer-

Selina Kyle es la versión más sexy de la “crazy cat lady”. En Batman Returns (1992), Tim Burton reunió de forma brillante dos de los clichés más asociados a la soltería femenina, la insania mental y la obsesión por los mininos. Si bien este personaje era igual de provocativo en la versión televisada, Michelle Pfeiffer le dio un carácter que no ha sido igualado; mientras Bob Ringwood y Mary Vogt diseñaron un look que tampoco Hollywood ha vuelto a alcanzar con este personaje.

Parte del misterio lo potenciaba la máscara completa que resultaba una extensión del traje, haciéndola mucho más gatuna, más animal, más parecida a Batman también; en lo que terminaba siendo un match perfecto de orejitas puntiagudas. Las máscaras hechas a mano, cosidas y armadas al calor de la necesidad del héroe o del villano, suman una cualidad extra al accesorio. En este caso, Selina con su muy rosada máquina de coser, termina de liberarse cuando se inventa un leotardo con las costuras totalmente expuestas mientras un grupete de gatos la acompaña en la faena tipo Project Runway.

Catwoman es la villana más importante del mundo de Batman, me atrevo a decir, asumiendo la responsabilidad de estas palabras frente al fandom. Es tan importante que es capaz de poner en peligro al héroe porque este encuentra en ella algo de ternura y un pasado lleno de malos ratos y soledad, algo con lo que el murciélago termina identificándose muy bien.

Antes de que el “empoderamiento femenino” estuviera asociado a tomar smoothies desintoxicantes y “emprender” franquicias de cupcakes, Michelle y la propia Haley Berry, lo tenía todo mucho más claro, miaaau.

Osita

Osita es una de las muchas máscaras que se ha inventado la llamada resistencia venezolana para enfrentar los embates armados del Estado. Ha pasado el tiempo y cada vez hay más originales y menos copias de Guy Fawkes. Se puede decir que hemos hecho remixes de muchas cosas y el resultado es digno del diseño de vestuario de cualquier película taquillera. Pero Osita fue la primera que sacudió Instagram y se hizo la vedette de los DSLRistas de turno. Lo tiene todo para entrar en esta galería porque es fácilmente reconocible, replicable y desbarata un símbolo de la niñez pre fabricada: el osito de peluche, el dormilón. Muy a lo Lotso de Toy Story 3, por cierto. Como Chucky, es otro muñequito maldito y sucio, perfecto para hacer frente a la bota opresiva (siempre con su biberón en la boca).

 

 

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