TOMO #7

Catálogo de Aperitivos Literarios. Compiladores de mentiras y ficciones de toda índole.
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#1

Luis Fernández Occhipinti

 

No me gustaría

que un doctor con una pulcra bata blanca

me dijera

titubeante

que tengo cáncer

 

en su anuncio

pasarían todos los momentos de mi vida

depositándose en mi estomago

el tiempo que superficialmente tenía estudiado

cambiaría inmediatamente de forma

y no sabría de qué arrepentirme primero

o qué piernas serían las primeras en reposar mi cabeza

seguramente empezaría a contar los segundos en cada abrazo

y por una operación matemática

descubriría si esa persona me ama o me quiere matar

 

preferiría y a pesar de los síntomas

vivir diciendo que es una úlcera o un ganglio inflamado

que estar abatido y depositado bajo tierra

porque sé que la decisiones de los muertos

se omiten

cuando se quiere un nuevo monumento

en donde colocar las lágrimas

 

en esos últimos días

no dejaré que la barca se desamarre

por la intensidad y naturalidad del oleaje

no

rasgaría con mis propios dientes

la soga que me ata

a esta luctuosa vida.

 

(2)

Gabriel Roa

 

No hay estrellas en tu noche

(brillas tanto que todo enmudeces)

haces que muerda tu ausencia,

amargo sabor de la nostalgia

 

te sé lunar, mujer de cristal,

¿cuántos son los cráteres

que he de vagar en tu alma?

como lumbre de prisma con sed

 

la noche nos supo a derrota

la grama calló su ironía

la brisa sopla, las cigarras callan,

soy un cosmonauta en tu vida

 

pero nunca entendí cómo flotar

ni entendí a Schrödinger Heisenberg

Newton Einstein Halley Hawking

ni la extraña gravedad de tu querer

 

El dragón

Saúl Figueredo

 

De repente, el dragón.

Sus garras veladas por la tensión de las nubes asoman su forma; su grito como un trueno enrojece el cielo oscuro; el sonido y viento de sus alas batiendo, mezcladas con la lluvia, se confunde entre las olas; su desmesurado alcance rivaliza con la noche. El guerrero y sus hombres sostuvieron firmes sus armas anticipando el combate. Entonces vio la terrible cabeza. Los cuernos espirados y los dientes como lanzas; los ojos como humo negro, a gusto con la tormenta; el suceder de los rayos a su alrededor, atributos suyos. Sintió su caluroso aliento y el inicio del rojo en su boca abierta. Una ola dio con el barco y los hombres cayeron; la lanza del guerrero se perdió en el agua. Cuando se paró no vio al dragón en los cielos, sino en el agua, rodeando el barco por debajo, por los lados. Otra ola; el guerreo cayó, su cabeza dio con el mástil y perdió el conocimiento. Uno de sus hombres lo sostuvo hasta que pasó la tormenta.

 

Los ángeles son demonios

Simón Rodríguez

 

Sigan creyendo que el Ángel Gabriel

vendrá a clavar su espada en el vientre de Lucifer

degollando el embrión del mal

y extinguiendo esta raza de demonios

 

¿Creen que la historia avanzará a un plano celeste?

¿Al orden prometido?

 

Es que no se han enterado

que el año cero aún no ha pasado

No recuerdan que el señor cuyas entrañas desean ver desparramadas

por el bienestar de quienes aún no nacen

alguna vez aleteó con alas blancas

y blandía el acero refulgente

antes de ponerse una corona de cuernos

 

¿Qué les hace pensar que el Ángel

no extirpará el cordón del diablo

para apretarlo en el cuello
de quienes rezaban por ser liberados?

 

La boca carnosa de la galesa

Waleska Barroeta

La boca carnosa de la galesa

Me encontraba frente a un camino que se había hecho con las ruedas de los pocos carros que circulaban por ese bosque. En medio del deseo de un retiro de escritor olvidé lo inútiles que son las llantas de un corsa 2007 y quedé atascado en el lodo. Decidí que debía buscar ayuda y empecé a caminar, mientras pensaba en mi nuevo personaje, sería una mujer de labios rosa, rubia, alta, galesa tal vez…. Unos minutos después, la manecilla de mi brújula giró oscilando entre sur y norte a velocidad de segundero. Le di unos golpecitos en el vidrio sin obtener resultado alguno y tropecé con mis propios pies, rompiendo los cristales de mis lentes.

Me levanté resignado a morir entre los arbustos y  frente a mi apareció una figura de luz que no logré distinguir más que por sus dos metros de altura. Pensé: si de todos modos voy a morir ¿por qué no acercarme? Di un paso y su luz se extinguió quedando reducida a un punto en el suelo que caminaba asustado como cucaracha. Cuando me escuchó dirigirme hacia ella, se detuvo en seco y empezó a abombarse de nuevo. – Ven – le dije. Con sus cabellos de luz mística envolvió mi cabeza y a través de estos, susurró: vamos. Mi cuerpo fue absorbido por mi propio cráneo, transportándome por un túnel y sacándome de nuevo desde mi cabeza a un camino más luminoso. Mi mirada se hizo nítida y vi que estaba en una playa rodeado de hermosas brasileras. Sobre las olas surgieron unos delfines rosa que saltaban tras otros color violeta, contagiando al agua de color. La marea retrocedió hasta dejar el suelo seco sin rastro de haber tenido ni una gota. Caminé hasta donde estaban antes las olas y de mis pasos brotaron  germinaciones de escarcha verde que respiraban pompas de jabón. Sonó al final del horizonte la trompeta del inicio de Lady sings the blues de Billie Holiday y las tiernas germinaciones jabonosas le siguieron el compás. Una de ellas que parecía estar ya marchita, cortó una de sus ramas y comenzó a cantar: “the blues ain´t nothig but a pain in your heart”. Una ramita más joven estiró su tallo hasta mi oreja y dijo: pronto ella va a morir y no quieres ver cómo se marchitan las luces. Los carnosos labios de aquel tallo articularon un sonido que emulaba el boom de un tambor y con esto creó notas musicales, grandes redondas negras y blancas que rodearon a la germinación marchita jalándola hasta que por fin la arrancaron del suelo.

Dejaron en el piso un hoyo de lava que escupió derritiendo mi piel. Entonces, ella tocó mi espalda con sus manos de nube y me atravesó. Cuando salió me di cuenta que las llagas de las quemadas habían desparecido, y le pregunté si era una hermosa diosa del cielo, a lo que ella respondió: piensa de nuevo. Entonces recordé donde estaba: en el bosque, camino a la cabaña, dentro de mi auto… comiendo hongos.

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