Break my heart

I want to go and cry

It’s so sad to watch a sweet thing die

Oh, Caroline why

The Beach Boys

 

“Abandona tu identidad,” invitan dos niños sin rostro antes que te pongas los audífonos. Puede que los debates sobre identity politics inunden YouTube todos los días; puede que Venezuela sea un país donde hacer gala de nuestra nacionalidad sea lo único que nos queda; puede que el anonimato que posibilita Internet sea tildado por algunos como máscara. Da igual: a veces, toca romper las cadenas de cómo nos ven para decir a viva voz cómo lo vemos todo. Los integrantes de Nombres Ocultos están claros de esto, y la visión que buscan compartir es sencillamente hermosa.

7 Canciones en Mí es un disco que habla de la obsesión por una mujer idealizada, de la distancia como enemiga del amor, de la desesperanza ante una relación que no tiene futuro. Temas que muchos hemos vivido en Caracas, pero que no necesitan de Caracas para ser honestos; temas que parten de lo local, pero que toca una fibra universal que suele dejarse a un lado a la hora de hacer arte aquí. Una vez más, abandona tu identidad: bienvenido a un mundo sónico donde lo personal no tiene que ser mío.

 

Como un buen LP de Sufjan, cuesta categorizar el debut de Nombres Ocultos en un solo género. La nota folk con la que abre 7 Canciones en Mí resulta engañosa tras los primeros siete minutos. Las composiciones son todo menos pop, en cada track se nos trata a una progresión repleta de suspenso y giros catárticos. Los sonidos que oculta este disco, los sonidos que pintan arcoíris debajo de la madriguera, llenarían de euforia a cualquier personaje de Lewis Carroll.

Una influencia venezolana que me veo obligado a destacar en Nombres Ocultos, es Americania. Incluso, en la genial Cien Años sin Voz, Álvaro Casas presta sus palabras. Los acordes que hacen de transición entre El Hazmerreír y Estuve Contigo en el –me atrevo a decir, ya legendario– Concierto en la Sala, reaparecen como un teclado que quiere danzar entre fantasmas a lo largo de la canción. Así prefiero morir, / en tus brazos dormido, canta Álvaro mientras bailamos, bailamos, bailamos en la soledad de nuestros cuartos –mientras despertamos y notamos una ausencia, un miedo, una razón para moverse y no sospechar lo peor.

Orquídeas, como Holanda y Ana Helena, es de los slow burners del disco. Unas guitarras vulnerables dan pie a que una voz desconocida rompa el corazón con temores bastantes conocidos. Nadie quiere ser olvidado, que las sonrisas compartidas queden como flores marchitas, que la lejanía nos vuelva desconocidos. Menos, todavía, en un tiempo donde las pantallas en nuestros bolsillos prometen compañía. Hace falta dejar los sintetizadores, de vez en cuando, y volver a la calidez de la madera.

La monumental Esperanza, no / Espejo funge como corazón de 7 Canciones en Mí. Luego de doparnos con un tema mellow que jamás llega a su clímax, Nombres Ocultos nos suben la nota con una progresión electrónica que recuerda al Cerati de Siempre es hoy. Carolina, déjame beber / Todo lo que pudiste ser / Se drena en un charco de miel, insisten en la primera mitad de la canción, hasta que el anhelo parece dar con la identidad y toca correr a una página web que nos quite las horas. Y que nos quite la ansiedad de ver un espejo y entender que no hay nada detrás.

¡Felicidades, mil aplausos! Caemos luego en mi canción favorita del debut: Mar. Acompañados de un beat convulsivo, apurado, desesperado que hace pensar en The Postal Service, Nombres Ocultos murmuran la mala noticia: Y dirán y dirán y dirán / Sólo porque lo sientes / No significa que está ahí. Es el ahogo de que te digan que tu locura saldrá mal, de identificarte con un cliché del fracaso, de volverte uno más. Pero cierta credulidad, un vicio que necesitamos para pararnos en la mañana, irrumpe al cuarto minuto y nos dota de alas inmensas. Fuera de joda: el riff,  un tanto reminiscente a la sección de cuerdas en Chicago, es una vaina celestial. Mar no es una canción para hundirse, sino para saltar sobre las nubes y olvidarse de las responsabilidades de un nombre.

Para mí es evidente que 7 Canciones en Mí es el mejor disco venezolano del año. Aquí no está la rudeza sónica que popularizó Dermis Tatú, ni el funk sabrosón que popularizó Amigos Invisibles. Mucho menos la fórmula pop que comparten Los Mesoneros, Rawayana –que tanto ha buscado emular cada banda nueva en la escena. No hay intención de llenar la Plaza Alfredo Sadel, la búsqueda es otra. Para unirse a ella se necesita muy poco: ponerse los audífonos o enchufar las cornetas, guindar la identidad en un gancho y dejar que el corazón se deslice.

7 Canciones de Mí está disponible en todas las plataformas de stream.

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