Sinopsis del documental, según la página de Amazona Films: La película cuenta la extracción de la piedra Kueka del territorio venezolano, piedra emblemática para el pueblo pemón de la Gran Sabana. El hecho ocurrió cuando comenzaron a colocarse los tendidos eléctricos en Santa Cruz de Mapaurí y se construía la autopista de Santa Elena de Guairen, que conectaba el territorio venezolano con Brasil. Toda esta vorágine de “desarrollo” llevó a la movilización de indígenas por la defensa de su territorio, lo que dejó como resultado la sustracción de la piedra -la abuela Kueka como es conocida por la cultura pemón.

La piedra fue secuestrada por el artista alemán Wolfang von Schwarzenfeld en 1998 para ser exhibida en Berlín, como parte del proyecto Global Stone en el parque Tiergarten y aún no ha sido devuelta a su lugar de origen. Esta piedra logra reunir lo mitológico, lo cosmogónico, lo ancestral y lo legendario de este pueblo indígena.

 

 

1) Ya el título existe. Es el mismo del libro místico y esotérico, “Cuando las piedras hablan, los hombres tiemblan” de Rodolfo Benavides. Ya el tema fue explotado por la mediática adicta al régimen en innumerables notas piratas de televisión. El antecedente más importante es el de “La Lucha Continúa”, reportaje manipulado y fraudulento, pero al menos favorecido por la capacidad de síntesis. En cambio, el trabajo de Francisco Denis carece de rigor en el montaje. Comparte una versión cruda con tomas de descarte. Hace del fundido a negro uno de sus clichés.

2) El filme habla de un robo étnico y de la resistencia indígena. Pero comete una serie de errores científicos. Le robó el relato a los pemones, a quienes vemos solo como un bulto o en un plan de entrevista de televisión. No se profundiza en la vida de ninguno, salvo para ilustrar la narrativa con tomas de apoyo y testimonios bastante inducidos. Vale aclarar que el trailer es un gato por liebre, un bluff que incluye tomas y personajes que no aparecen en la película.

3) La explicación de la mitología de la “Kueka” lejos de aclarar, oscurece. No logra despejar las dudas sobre su origen. Una señora la explica, fundido a negro mediante. El espectador se pierde entre las ramas y las subtramas. Normal porque así cuentan los pemones. Pero el director no sabe hilar el discurso de forma correcta y suma confusión a la polémica. Algo de ello ocurría en el disparate de “La Lucha Continúa”, donde alteraban subtítulos y demás para dar consistencia a la tesis del reportaje. Denis también tiene una tesis cerrada y no hace el menor esfuerzo por someterla a un debate serio.

4) Hay un amago de confrontación con el embajador de Alemania en Venezuela. El embajador es un funcionario y como tal resulta sencillo de desmontar con dos preguntas y un primer plano. Ahí no existe tensión alguna, pues la conclusión es previsible. Desde el text box del intro, sabemos y anticipamos el desarrollo. Lo demás es superficialmente redundante.

5) Se viaja sin necesidad para Berlín. Se incluyen tomas innecesarias del viaje: subjetivas dentro del avión, imágenes del aterrizaje. Una nada, un vacío con pretensión lírica. En Berlín, la música de Andrés Level sataniza el contexto. El ensañamiento y el prejuicio de Denis aplanan el entorno. Conozco Berlín. Es una ciudad hermosa y multiforme. Supera en cada esquina la caricatura del documental. Para incluir ene cantidad de tomas de la Kueka en Berlín, no era necesario viajar. Además mal grabadas, grabadas a lo random, como para la historia del Instagram.

6) Pero el viaje parece justificarse por la grabación de una grotesca reunión de Rodrigo Cháves Samudio en la Embajada venezolana de Alemania, donde se habla con desprecio de la cultura pemón y de la Kueka. No se explica cómo se obtuvo el material de la conversación: si alguien fue cableado, etc. Uno debe inferir que es un material obtenido por la técnica del periodismo de infiltración. El filme devela la hipocresía y la doble moral de la burocracia roja rojita. Ahí reside su principal mérito. Sin embargo, “Cuando las Piedras Hablan” no escapa del círculo vicioso del burocratismo, al apelar a recursos y contenidos filtrados por la estética de propaganda del chavismo.

7) Los herederos indígenas de la Kueka son cosificados en dispositivos audiovisuales de la cultura criolla, a través de encuadres acartonados y poses solemnes de diálogo forzado. Así es imposible recoger el azar y la espontaneidad. Todo se activa con una planificación vertical. Involuntariamente, el largometraje expone la arrogancia de la mirada del conquistador, del cazador, al acecho de captar la miseria del otro para instrumentalizarla. Por eso, “Kueka” impone una visión melodramática y uniforme de la cultura Pemón. En ella abundan las caras tristes, los rostros desencajados, las quejas y las molestias, como si ellos no tuviesen suficiente vida aparte del luto de la Kueka, como si no supieran superar el duelo, como si fuesen niños a la espera de una respuesta oficial. El documental establece una falsa retórica de resistencia, que en verdad es de dependencia. Dependencia de las formas y contenidos del proselitismo chavista.

8) De ahí que aparezca un líder con una franela horrenda del chavismo y otro con una camisa del Real Madrid. El director lo expone como si nada. No hace una reflexión al respecto. No sabe qué decir. O sencillamente lo deja pasar como un desliz, como algo que ocurre. Como sea, estos detalles destruyen su tesis. Si ellos llevan la camisa de los galácticos, pues se acaba el verso de la resistencia y del reclamo contra el imperialismo, y entonces hay que asumir la posición contemporánea y posmoderna de la negociación con las estéticas extranjeras. Quiere decir que la modernidad ganó en el vestuario, que se asimiló el mainstream colonial, y que ello aniquila y desmiente las imposturas del documental.

9) El documental hace poco para que yo me crea alguna de sus denuncias. Siento que los indígenas que protestan delante de la cámara por el traslado de la Kueka, lo hacen de una forma actuada con displicencia, con una evidente programación. Los veo como títeres de una trama orquestada por el chavismo, para desviar la atención. Se mueven con gestos y tics que los hacen ver como una imitación mala de las protestas y las huelgas de una rosca sindical. El documental no les cuida la imagen a los pemones,  porque el docu compró la estética de los pemones que van disfrazados de criollos a VTV, para interpretar un papel que les escribió el poder oficial. Son los pemones que calcan a los líderes políticos del chavismo indígena. Son las marionetas complacientes que encarnan un guion plagado de fórmulas e intereses. No obstante, el documental supera sus límites, al desplegar la incongruencia chavista de abogar por las tribus, mientras les imponen un tendido eléctrico, a troche y moche. Tendido eléctrico que será tumbado por las tribus. Por defecto, vuelve a vencer el rumor de las piedras talladas por la revolución, a imagen y semejanza de las esculturas kitsch de Guaicaipuro que pusieron en lugar de la estatua de Colón en Plaza Venezuela.

10) En consecuencia,  “Kueka: Cuando las Piedras Hablan” se escribe desde la censura y la pretensión de enfrentar las trabas de un proceso kafkiano, cuando legitima y brinda consistencia a las leyes de la mordaza. No es curioso que lo estrenen hoy, que oculte el horror depredador del arco minero, y que el documental no tenga nada que decir sobre ello. Si la piedra Kueka hablara de verdad afirmaría que ha sido utilizada por todos, para ocultar que antes se robaba y que hoy se sigue robando el patrimonio en el Amazonas, a costa de la red mafiosa de la fuerza armada en la zona. Al documental le faltó un Werner Herzog en la dirección, capaz de incomodar a propios y extraños, capaz de indagar en los claroscuros, capaz de ir más allá de la kueka y su ridículo cuento etnocéntrico de Romeo y Julieta.

En resumen, nos estanca en la antimodernidad y el atraso progresista de la teoría del buen salvaje (refutada por Carlos Rangel). Nostalgia por un anacronismo y una ecología en estado primigenio. Relectura infantil de “Las Venas Abiertas de América Latina”. Parte de una campaña populista de golpe de pecho, promesas incumplidas y esperanzas frustradas. Alimenta un pensamiento mágico, binario y esquemático. Urge avanzar en una dirección distinta.

Curioso que se esfuercen en estrenar “Kueka”, mientras otros documentales sobre el tema del Amazonas permanecen en cola. Para saber mejor que ocurre allá, recomiendo “Envenenado” de Alexandra Henao. Abrimos el foro para atender a las réplicas, para dar espacio a la discusión.

 

 

Agradecimientos: el artículo no hubiese podido escribirse sin la información y los datos suministrados por Daniel Ruiz Hueck, quien es documentalista e investigador del caso. También Malena Ferrer(documentalista) es cómplice de cada idea crítica vertida en el texto.

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