Para lo que no son ávidos conocedores de la geografía nacional, Bobare es un pueblo que queda en el estado Lara, a 45 minutos de Barquisimeto (la capital del estado) y aproximadamente a 40 minutos de uno de los afluentes más importantes de toda la región, la represa Dos Cerritos. De esta zona semiárida han salido personajes importantes del deporte nacional como el pelotero Luis Jiménez, al igual que culturalmente es uno de los centros de producción más importante de cocuy de penca larense.

Una semana santa decidí irme a Bobare a investigar lo que estaba sucediendo en este pueblo, cuyas formas de vida habían sido afectadas por la ausencia del agua. Me quedé en casa de la familia de una amigo, cuyas experiencias serían una pieza clave para poder vivir de cerca lo que sentían sus habitantes. Cuando llegué lo primero que noté fueron las construcciones a medio hacer y detallé que la gente siempre llevaba consigo un envase con agua.

En todas las casas había un sistema de recolección de lluvia y un tanque en el patio o en el portón de la casa. Me di cuenta, al conversar y observar las rutinas diarias de los habitantes, que Bobare no siempre tuvo problemas con el agua. La historia que llegó a mis oídos, rebuscando la información entre personajes cotidianos del lugar, fue sin duda un reflejo de lo que vivimos cualquiera de nosotros en nuestro día a día solo que quizás no específicamente con el agua.

En principio, debido al acelerado crecimiento de la población se creó una ciudadela muy cerca de Bobare llamada Pavia. El agua llegaba desde una zona de bombeos de Barquisimeto a través de una tubería de 4 pulgadas, pero poco a poco se fueron poblando las zonas aledañas y esto conllevó a que, debido a la mala planificación urbana, se hicieran tomas ilegales del tubo matriz que llevaba agua específicamente a Bobare. Ese tubo lo puedes ver cuando estás entrando al pueblo, pero hoy en día solo sirve de adorno.

Sin embargo, han habido intentos de arreglar esta situación que lleva mucho tiempo quitándoles la capacidad de vivir una vida normal a los habitantes de la comunidad de Bobare. En el segundo gobierno de Henry Falcón, se hicieron unas exploraciones de unos pozos de agua, pero esos esfuerzos fueron en vano, ya que el agua que existe bajo el subsuelo larense es un tipo de agua extremadamente pesada, lo que quiere decir que tiene mucho contenido de sodio y no es apta para el consumo humano. En su momento, HidroLara insistió en que era totalmente potable y después de que reactivaron otra de las tuberías que daba agua en el pueblo, hubo casos de personas con bacterias en el estómago por tomar de esta agua.

Sin muchas esperanzas para solucionar este problema, los habitantes de Bobare se adaptaron a su nueva forma de vida, donde un molino con el que recogían agua sirve de recordatorio de lo que fueron en algún momento y no volverán a ser. Por lo pronto, este ensayo fotográfico es un proyecto que continuaré haciendo hasta que Bobare vuelva a ser lo que fue alguna vez.

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