Tuve una infancia bastante normal: una familia sin más problemas de los que naturalmente se presentan; amigos, caprichos y ambiciones. Desde los 10 años estuve sumamente interesado en los deportes y comencé con el karate. Lo practiqué por unos años y a los 14 incursioné en el tenis, con el cual me enganché por un tiempo. Sin embargo, fue a los 17 años que conocí realmente la patineta y me cambió la vida.

 Siendo una persona relativamente ensimismada, encontré en la patineta no sólo un refugio sino de cierta forma un medio de expresión ciertamente contestatario. Soy una persona que básicamente siempre está incómoda al socializar con las personas; la patineta me permitió entender que había un mundo entero de manifestaciones personales asociadas al skate. Construí una instalación rudimentaria y pasé 2 años dándole en mi casa prácticamente solo. Llegó un momento en el que ya había desarrollado un nivel con fluidez y que llevaba mi estilo. Eventualmente me animé a salir de esa zona de confort y me introduje poco a poco en el gremio del rap, graffiti y el skate en general.

Foto por @enphoque

 Esto me llevó a una etapa muy ajetreada en mi vida en la que afronté el potencial que tenía con lo que estaba haciendo y decidí desdibujar los límites en los que yo mismo me veía. Comencé a vivir al margen de mis inseguridades y a aprovechar las puertas que se me estaban abriendo producto de mi trabajo y dedicación. Trabajé con Vans durante aproximadamente 5 años como embajador de la marca. Siempre he estado interesado en el ámbito del calzado deportivo y haber logrado ese vínculo fue más que significativo. Del mismo modo trabajé un par de años representando a DC Shoes y por un tiempo más prolongado con Pow. Fue un período de tiempo genial porque por primera vez no tenía que preocuparme por la tabla, los equipos y la ropa. Tampoco es que vivía como un pro pero sí estaba bien cómodo.

Luego, por diversos motivos terminó esa etapa y estuve unos 3 años como skater independiente. Hasta el sol de hoy los considero mis días más felices sobre la tabla.  Eventualmente las lesiones me llevaron a tener que distanciarme de la patineta pero en mi cabeza estaba sucediendo una suerte de transición sin darme cuenta: a raíz de estos logros pude viajar y conocer ciudades como NY, lo cual me cambió por completo la perspectiva tan plana que tenía de una ciudad. Sentí una vibra muy fuerte, esa ciudad es tan imponente que despertó en mí un hambre de capturar. Llevaba como 2 años pensando –naturalmente – en involucrarme en la fotografía cenital/aérea. Como todo, reposó en la indecisión por bastante tiempo hasta que decidí hacerlo. Un amigo que ya era ducho en el arte de la fotografía “guerrilla”, por así decirlo, me dijo que eso era una cuestión de impulso: “Uno se para, visualiza lo que quiere capturar y ves cómo llegas”. Entonces conseguí una cámara, y el resto es un sueño muy loco hecho realidad.

Foto por @enphoque

Desde entonces el proceso ha sido increíblemente nutritivo, he subido a más de 60 azoteas y he capturado más de lo que puedo contar en un papel. Evidentemente tras casi tres años haciendo esto las cosas han cambiado: ahora tengo una perspectiva distinta, tengo un entendimiento más profundo de lo que hago. Hoy no veo las fotos que saco como un producto en sí, sino más bien un aval de la experiencia, una prueba de estar ahí. Gracias a ello he entendido que hay cosas mucho más grandes que un producto.  Aprendí que a través de la foto no solo se constata el recorrido sino que se comparte la experiencia, lo vivido. Hoy veo los edificios desde donde fotografío como metáfora del ego que todos cargamos encima y debemos deslastrar de nosotros.

En @imfpluss pretendo juntar la fotografía, la escalada urbana, el calzado deportivo y la arquitectura para no sólo darme a conocer sino también transmitir el estado mental que –a conciencia o no- me llevó a conseguir todo lo que he logrado.

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