Japón es conocido por varias cosas: su rica gastronomía, equipos electrónicos de avanzada tecnología, poder de producción automotriz o simplemente por ser la tercera mayor economía del mundo. Sin embargo, hay un componente social que ha causado sumo impacto en el territorio nipón durante los últimos tiempos: su contracción demográfica. Un último censo revela que en los últimos cinco años la población se redujo en casi un millón de personas.

  Lo anterior conlleva, por supuesto, grandes repercusiones en torno al envejecimiento de una población que, en poco más de un cuarto de siglo, se estima tendrá casi la mitad de su población en una situación económicamente inactiva.

  El porqué de todo esto bien puede observarse desde distintos puntos de vista, pero al final se reduce a los índices de natalidad: las parejas japonesas no están teniendo hijos, por lo menos no lo suficiente – actualmente 1.4 niños por mujer. Si bien la poca oferta de guarderías e instituciones pedagógicas infantiles –junto a un alto costo de las existentes- influyen notablemente, la proliferación de los llamados “hombres herbívoros” (soshoku-kei danshi) se ha destacado como factor determinante en tal escenario.

  El término acuñado alude a una percepción –tanto propia como externa- de un hombre que no persigue a las mujeres como un carnívoro, pues en términos sencillos, no está interesado en su carne. Su falta de asertividad provoca que en los pocos casos en los que se muestra mínimo interés, la mujer deba tomar la iniciativa en el romance; las intrigas excesivas y las técnicas románticas están al margen de sus fronteras ideológicas, por lo cual las descartan por completo u optan por reemplazarlas por demostraciones de afecto más fácilmente comprendidas.

  El hombre herbívoro presenta gran aversión hacia el dolor emocional, tiene dificultad para lidiar con heridas y busca eludir constantemente que sus acciones puedan lastimar a una mujer, sobretodo en un contexto romántico. En su mayor parte, estos jóvenes consideran positivamente su propio estado de herbívoro, pero al mismo tiempo algunos se preocupan por la conciencia de ser mirados con desprecio por la sociedad.

  El criticismo hacia este fenómeno social radica fundamentalmente en individuos de edades avanzadas, quienes consideran que los jóvenes japoneses han perdido gradualmente su masculinidad y por ende obstaculizan el crecimiento económico del país.

  La Asociación de Planificación Familiar de Japón realizó un estudio (2016) a una población de 3000 personas (distribuidas equitativamente entre hombres y mujeres) de edades entre 16 y 49 años, arrojando las siguientes estadísticas.

  • El 49% de las parejas encuestadas declararon no haber tenido relaciones sexuales en el último mes.
  • El 21.3% de los hombres casados relacionaron como causa el hecho de salir muy agotados de las jornadas de trabajo.
  • El 20.3 % de los hombres entre 25 y 29 años demostró tener cero interés e incluso aversión extrema hacia el sexo o las relaciones de pareja propiamente.
  • El 15.7% de los hombres alegaron que se volvieron sexualmente inactivos luego de que sus esposas dieran a luz a su primer hijo.
  • El 23.8 % de las mujeres casadas expresaron fastidio e indiferencia frente al tema y el 17.8 alegó también que la causa reside en fatiga producto del trabajo.

  Ahora bien, esta no es la única concepción o encuadre del hombre herbívoro en Japón, pues algunas personas –quizás más abiertas o reflexivas- toman dicho término más bien como un esfuerzo incansable en aras de romper con los parámetros de masculinidad establecidos por la sociedad. Mucho tiene que ver esto con el giro que tomó la vida Japón en estos más de sesenta años de paz; la imagen del hombre como responsable de demostrar la virilidad de un país se ha ido diluyendo cada vez más y con esto nuevas nociones de libertad se han interpretado.

  Resulta difícil extrapolar estos comportamientos o tendencias a otras locaciones, culturas y contextos, ya que evidentemente responden a una realidad específica. No obstante, además de la clara alarma que genera al gigante asiático por sus repercusiones económico-sociales, sugiere plantearse aunque sea por mera discusión nuestros roles y ataduras en la sociedad.

Nota: esto también pasa en Japón.

Imagen de portada: @alejandrajpg

 

 

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