Escultor, pintor y trotamundos.

Para el año de su nacimiento, Caracas, su ciudad natal, experimentaba una serie de cambios que la posicionarían en breve como una de las urbes latinoamericanas más cosmopolitas. “Nací en la década del cambio y del desarrollo, de la dictadura y la vuelta a la democracia; creo que por eso siempre he tenido la necesidad de moverme, de mutar”.  En su taller al aire libre, Julio Lemos convierte un tronco de “palmera macho” en un tótem: “… es una escultura típica de comunidades indígenas norteamericanas, de Canadá, Hawai… The Pacific Coast”.  Para mí representa la conexión entre el hombre y la naturaleza. La biodiversidad y mitología en una pieza”. Así define el artista a la pieza que talla mientras habla de su oficio.

Caraqueño de nacimiento, de ancestros franceses y españoles, de verbo fácil y convincente, este “artista margariteño del mundo”, como se define en tono de broma, hace vida solitaria en Playa El Agua, Isla de Margarita. “Llegué aquí hace 20 años, y me quedé. La tranquilidad que me da la playa es una vaina que no cambio por nada. Siempre he vivido en ciudades frente al mar… me da mucha nota”.

¿En cuántas  y en cuáles ciudades ha vivido?

Perdí la cuenta, negro. Déjame echar cabeza, a ver: Londres, Miami, Los Ángeles, París, Nueva York… estuve unas semanas en Atenas. Desde chamo pude viajar, mi familia no es que era rica, pero pudieron ayudarme en mis primeros viajes. Los demás me los gané yo con el sudor de mi frente… a veces haciendo trabajos no tan legales, pero que al final me enseñaron a desarrollar mi oficio de escultor, de artista.

¿De dónde surgen sus inquietudes artísticas?

Desde carajito siempre he sido bueno con las manualidades y malo con el seguimiento de las órdenes. Siempre fui Hippie. Empecé con la pintura, y creo que era bueno, pero no me sentía tan bien… Luego agarré los formones, la madera y empecé a tallar. Después de la madera le dí con las piedras y así. No te puedo decir cuándo ni cómo exactamente, pero todo se fue dando junto.

Dicen por ahí que a la mayoría de los artistas les va mal en la economía, pero que muchos son exitosos en el amor. ¿Se cumple esta premisa popular con usted?

Los artistas somos así: puro amor al arte. Tanto en lo económico como en lo sentimental. Yo amo lo que hago, por eso lo hago, aunque a veces no me dé ni para comer. Y con las mujeres, pues bueno, qué te puede decir… las amo tanto como a mi soltería. Yo estaba empeñado en no tener hijos, pero todas las mujeres con las que me involucré intensamente querían sacarme crías. Solo dos lo lograron aún en contra de mi voluntad. Gracias a dios fueron mujeres  que asumieron casi toda la responsabilidad de tenerlos y criarlos. Tanto al varón como a la hembra, ambos son mayores que tú.

Volviendo al tema del arte, ¿consideras que Margarita ha sido determinante en el estilo de tus creaciones?

Esta isla ha sido influencia e inspiración en lo que hago, pero no creo que haya sido determinante. Aunque si me pongo a revisar, yo también he sido influyente en ella, en sus paisajes. Por ejemplo, Playa El Yaque es la galería que guarda mis Tótems. Están por todos lados, en los locales frente a la playa. Si visitas algunos hoteles y posadas, también encontrarás a algunos hijos míos por ahí. Los Tótems se han convertido en un verdadero  amuleto para mí durante los últimos años.

¿Y la talla en piedra?

La piedra es un material interesantísimo para moldear; disfruto mucho descubriendo la pieza que esconden. En la mayoría son mujeres las que encuentro allí. Ellas (las mujeres) son como un leitmotiv en mis creaciones en piedra. Esta, por ejemplo, la llamo “La vergüenza” porque no muestra el rostro pero sí su cuerpo desnudo.

¿Qué te ha dejado el arte a lo largo de tu vida?

La libertad de crear y vivir como he querido. Asumir el arte como un estilo de vida tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas. El arte me deja ser lo que soy sin pretensiones ni apariencias. Mírame, estoy viejo, no tengo casa, ni taller,  ni cuentas llenas de dólares pero estoy tranquilo, eso es lo me ha dejado el arte.

¿Qué artistas reconocidos o no, nacionales e internacionales, han influido en tu vida?

Picasso, mi pana. Es el papá del arte moderno y el padre del cubismo. Respeto a Van Gogh, Dali, Gauguin… De los más viejos Miguel Ángel. Y de los nacionales conocí a Rodolfo Estopiñan: excelente  artista que trabaja con mármol, Richard Romero, Elio Mogollón, Jose Luis Villasmil.

¿Qué le hace falta a los artistas venezolano para “no morir  de hambre” por amor al arte?

A nosotros los que nos falta es apoyo. De los entes públicos y privados, de la gente. Aquí se nos ve como vagos, hippies que no queremos trabajar. En otros países los artistas son más valorados, desde los artesanos hasta aquellos que exponen en grandes galerías. Es difícil derrumbar prejuicios, hay mucho talento subestimado.

Julio celebra que alguien, de vez en cuando, lo haya tomado para alguna entrevista: “Ya me han hecho varias entrevistas y no me quedan ni las fotos, espero me mandes esta para que mi mis hijos vean lo que aún hace su papá”.

Playa El Agua, Isla de Margarita.

Jueves 30 de noviembre. 10:45 a.m.

 Fotos por @rodolfoalonzo (instagram)