La temática lírica del reggaetón se puede dividir en dos grandes temas: la infidelidad y el sexo casual.

 

Existen, aunque escasas, excepciones a la regla, como la romántica y sentimental Llamado de emergencia de Daddy Yankee o Ella y Yo, donde Don Omar, Rey de Reyes, introduce la culpa religiosa cuando describe su relación con una mujer casada como «Dos locos viviendo una aventura castigada por Dios».

 

El artista de reggaetón se muestra desde sus inicios en una posición de poder desde la que se jacta de su triunfo económico, sus conquistas amorosas o sus destrezas sexuales, las cuales resultan irresistibles e incluso adictivas para el género femenino. El objeto de interés a quien iban dirigidos estos cantos era siempre una mujer que se podía encontrar únicamente en dos posiciones: o subyugada al reggaetonero o a otro hombre que desconoce sus escapadas sexuales.

 

El reggaetón manifestaba lo que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman advierte que ocurre cuando los vínculos afectivos son vistos como objetos de consumo. «El consumismo», explica Bauman en Amor líquido, «no es acumular bienes, sino usarlos y disponer de ellos después de utilizarlos a fin de hacer lugar para nuevos bienes y su uso respectivo» (pg. 72). De esta forma, el reggaetonero común se presenta en términos de oferta y demanda: expresa su deseo de poseer y consumir a su amante, mientras se postula como el mejor candidato para satisfacer sus deseos.

 

Esta visión sufrió un cambio radical en los últimos años, donde ahora la temática parece inclinarse por el desamor y el artista de reggaetón no teme asumirse en una posición vulnerable. Donde antes Don Omar le pedía a su chica «Cuéntale que te conocí bailando, / Cuéntale que soy mejor que él, / Cuéntale que te traigo loca / Cuéntale que no lo quieres ver», ahora Sebastián Yatra reclama que «Tú me dices que no es cierto que te mueres por mí. / Si es verdad que no te gusto, no te acerques así. / Me dijeron que te encanta que se mueran por ti, / Buscando al que se enamora para hacerlo sufrir». Esta nueva postura desde la cual el reggaetonero no asume su posición de amante con orgullo sino desde una carencia afectiva tiene dos vertientes: donde el reggaetonero exige resignado que esta mujer se entregue a él y donde la mujer hace lo que quiere y el reggaetonero sufre a causa de su decisión. Pensemos en la letra de Mala Mujer del C. Tangana:

 

«Cuando la vi bailando

Debí correr lejos de ahí

Pero la vi bailando

Y no me pude contener

Y ahora yo estoy llorando

Y ella bailando, mala mujer»

 

Esta variación en la temática clásica del reggaetón podría deberse a muchas razones, tales como la celebrable expansión del discurso feminista, pero resulta pertinente tomar en cuenta la inclusión de artistas mujeres dentro de la escena musical reggaetonera. Donde únicamente reinó Ivy Queen desde inicios de los 2000, entre el 2013 y 2017 surgieron artistas femeninas de este género musical como Leslie Grace, Becky G, Karol G y Natti Natasha. Todas mujeres, todas reggaetoneras. Esto podría haber influenciado un cambio en la visión de la mujer como mero objeto de deseo a una figura más independiente, como la mujer que decide lo que quiere, ajeno a los deseos de sus contrapartes masculinos.

 

Es dentro de este momento de agotamiento de la forma y variación de la temática, donde despega la popularidad del trap latino como genero hermano del reggaetón, viviendo un momento de auge desde el 2016. Con referentes más anglosajones, el trap latino bebe de la temática sexual explicita del reggaetón, pero incluye de manera notable la narrativa de la ruptura y el desamor.

 

El mejor exponente del nuevo trap sentimental es, quizás, Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny.

 

Nacido en Puerto Rico, Bad Bunny es, a sus 24 años, el más prolífico representante del trap latino, habiendo colaborado con el veterano del reggaetón Yandel en la canción Explícale o cantando junto a Becky G en su éxito Mayores, como también contribuyó a la par de J Balvin en el tema de proyección internacional de Cardi B I Like It.

 

Como todo género con tendencia a la repetición, la diferenciación entre los artistas de trap ocurre mayormente en la actitud y el estilo, algo que parece entender Bad Bunny. Con sus particulares cortes de pelo al rape y su colección de lentes de sol extravagantes, en toda colaboración musical, el autor de Tú No Metes Cabra no abandona jamás su estilo característico: el balbuceo, las referencias constantes a cultura pop y cierta postura de desencanto irónico. Al igual que Susan Sontag habló de artistas del silencio, podríamos estar frente a un artista del balbuceo. La ausencia de modulación con su voz grave y la entonación con desgano se ha vuelto la forma de identificación más notable en la música de Bad Bunny, diferenciándolo de los demás artistas de este género.

 

Luego de saltar a la fama en 2016 con su single Soy Peor, que narra el despecho del cantante quien elige la promiscuidad luego de una dura separación, y terminar de posicionarse como poster boy del trap latino con Krippy Kush donde propone la dicotomía: «Los maleantes quieren Krippy Krippy Krippy / Todas las nenas quieren Kush Kush Kush», la figura del trapero despechado encuentra su mejor representación en Bad Bunny, quien en canciones como el remix de Te Boté hace una contribución iniciando con la afirmación nada ecológica pero sentida de «Baby, la vida es un ciclo, / Lo que no sirve yo no lo reciclo», para luego asegurar que «Odio saber que en ti una vez más yo confié / Odio todos los te amo que mil veces te textie». Algo similar ocurre en su colaboración con J Balvin para el tema Si Tu Novio Te Deja Sola, en la que Bad Bunny confiesa «Yo siempre me maltrato viendo tu video y tu retrato».

 

Es Amorfoda la canción de Bad Bunny que terminaría de coronarlo como un artista innovador en su nicho. Sirviéndose únicamente de un piano y del canto desganado y balbuceado del puertorriqueño, Amorfoda podría ser la primera balada trap que se popularizó entre la música para fiestas, aun cuando su forma y su temática (la canción habla del desencanto del cantante por el amor romántico luego de sentirse traicionado) no parecen invitar a la celebración. El estilo característico de Bad Bunny permea todo el tema y muestra como trasciende de alguna forma el género en el cual se desenvuelva: Amorfoda no es identificada, entonces, como una balada ni una canción de trap, es meramente una canción de Bad Bunny.

 

¿Es este aparente cambio de temática una sencilla estrategia comercial para explotar lo que Eloy Fernández Porta llama el tema por excelencia de la música popular? ¿Significa este cambio una reducción del mensaje misógino de estos géneros? ¿La temática del despecho dentro del trap y el reggaetón es una forma de resaca posterior al mensaje de relaciones basadas en el sexo?

 

Habría que volver a Bauman, para quien la liberación del sexo de la prisión en la cual la sociedad patriarcal, puritana, aguafiestas, pacata, hipócrita y rígidamente victoriana lo habían encerrado es un hecho problemático. Nos dice:

«Un sueño de felicidad sin ataduras, sin temor a efectos secundarios y despreocupado de sus consecuencias, una felicidad del tipo “si no está completamente satisfecho, devuelva el producto y su dinero será reembolsado”: la encarnación misma de la libertad, tal como lo han definido la sabiduría popular y las prácticas de la sociedad de consumo» (pg. 68). Sin embargo, para Bauman, este logro no significó un gran avance. «El camino de lo físico no conduce a la metafísica. El poder del sexo solía emanar de la emoción, el éxtasis y la metafísica, tal y como lo haría hoy, pero el misterio ha desaparecido y, por lo tanto, los anhelos solo pueden quedar insatisfechos. Cuando el sexo significa un evento fisiológico del cuerpo y la “sensualidad” no evoca más que una sensación corporal placentera, el sexo no se libera de sus cargas superfluas, inútiles y agobiantes. Muy por el contrario, se sobrecarga. Se desborda sin ninguna expectativa que no sea la de simplemente cumplir» (pg. 69).

En este sentido, la visión del despecho en el trap es mucho más romántica, compleja y avanzada que la del sexo casual. Quizás el hecho de que el reggaetón y el trap pasaran de una visión de sexo casual a una sentida queja por el abandono amoroso sirve como metáfora de una tendencia cada vez más marcada en las nuevas generaciones: el morbo por las rupturas amorosas como manifestación del desencanto por los modelos clásicos de relacionarse. Los millennials, hijos de internet y del divorcio normalizado, no parecen confiar en las promesas que ofrecen las dinámicas de las relaciones amorosas monógamas de sus padres.

 

Para Byung-Chul Han el amor «se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute [..] es una emoción y una excitación sin consecuencias. La sociedad del rendimiento, en la que todo es posible, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión» (pg. 25). Pero quizás sería más efectivo entenderlo en los términos en que lo presenta Bad Bunny en Amorfoda: «No quiero que más nadie me hable de amor. / Ya me cansé, to’ eso’ truco’ ya me los sé / Esos dolores los pasé».

 

@GaboAntillano

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