El verbo fluido de este conocido parquero del Centro Plaza contrasta con su apariencia y tumba mis prejuicios. Admitámoslo: quien lo ve, lo menos que piensa es que sea un profesional de las ciencias naturales pero es eso y más.

José Gregorio López es biólogo marino, habla siete idiomas e imparte clases particulares de inglés e italiano. También asegura trabajar el macramé de forma artesanal y ser un experto en malabares.

No lo dudo.

En la medida en que la conversación avanzaba, me fui dando cuenta de que habla con propiedad y convicción, siempre mirando a los ojos. Le pregunté por qué decidió dedicarse al parking  de carros y motos si su perfil profesional pudiese darle mejores oportunidades de trabajo, entonces me interrumpió y comenzó a contar:

“Yo me tatué la cara hace 20 años en una convención de tatuadores en Bolivia. Me fui con la gente de Venezuela Tattoo para participar como lienzo. Me hicieron muchos tatuajes, entre ellos los de la cara… yo no debí haberme tatuado la cara. Me ha limitado mucho para conseguir trabajo de oficina, por eso no tengo mejores oportunidades laborales, como dices tú. La gente es muy prejuiciosa, tú sabes…”

José reconoce que haber asumido un estilo de vida distinto al “normal”, le ha dado grandes lecciones. “A los veinte años decidí vivir dentro de mi propio sistema de vida basado en la libertad y en la no dependencia de nadie. Me he llevado mis golpes pero nada, de eso se trata la vida”.

Tiene más de 70 tatuajes en su cuerpo. La mayoría de ellos inspirados en la Cultura Maorí.

El trotamundos

Su familia, aunque regada por el mundo, representa su cable a tierra: “Mi papá era profesor de idiomas. De él aprendí la importancia de manejar otras lenguas. No me dio dinero pero me dejo mucho del conocimiento que tengo ahora. Tengo un hermano morocho que es igualito a mí pero sin tatuajes – dice mientras ríe-. Tengo una tía en Los Valles del Tuy, tengo familia en Margarita, en los Estados Unidos, en Italia y aquí en Caracas. Creo que por eso me ha gustado mucho viajar, conozco muchos países. Mi tesis la hice en Holanda donde viví un año, luego regresé a Margarita y  de ahí me fui a otra isla pero en Europa, a la Sardegna (Italia). Tengo varios familiares que viven allá y me quedé por dos años”.

Quien lo conoce lo llama por su apodo: Fido Dido. “Yo siempre he sido así, flaco. Me gusta la vida sana y la naturaleza. Me preocupan las especies en extinción, por eso estudié biología marina. También me gusta viajar y conocer el mundo, otras culturas. Todos mis tatuajes me los he hecho en diferentes países. La cara fue en Bolivia, como te dije, pero los otros me los hicieron en Nicaragua, Brasil, Austria…”.

“Mis amigos me dicen Fido Dido, ¿sabes, por el muñeco de Seven UP?”

El parquero

“Llegué aquí en el 2008. Primero hice malabares en la calle, luego artesanía principalmente con macramé y después decidí meterme a parquero porque me llamó la atención y se gana más o menos plata. Mi tía trabaja en el kiosko” dice mientras señala el kiosko frente a la Torre HP.

Las ganancias diarias por parquear carros y motos superan los cinco mil bolívares. “Yo trabajo aquí de lunes a viernes.  Aquí,  a la esquina, llego desde bien temprano y me voy como las 6:00 p.m. a la  Central (UCV) a dar clases de idiomas a un grupito de chamos. A ellos les cobro dos mil bolívares semanales. Los sábados y domingos me dedico a los malabares y mi artesanía.

Fido Dido asume su oficio como parquero desde la humildad y la honradez. Entiende que el prejuicio de la gente es su peor enemigo hasta que se dan la oportunidad de conocerlo. “Lo mejor de trabajar en la calle es la cantidad de gente que conoces y  te quiere. Gracias a dios tengo muchos amigos y he hecho unos cuantos  durante los años que llevo trabajando aquí…”.

“Recuerda siempre que como tú trates a la gente, serás tratado”

Entre tantos temas que surgieron en esta conversación, el país y los viajes fueron los más recurrentes; curiosamente siempre terminamos en ellos… Al final, anticipándose a mí última pregunta, José Gregorio respiró profundamente y dijo: “Sigo en Venezuela porque nada como la cultura de uno, tu país. Siempre es bueno volver…  Aunque te admito que ahorita me quiero ir a Tenerife pero solo porque mi novia se fue para allá”. 

 Escrito y fotos por: Rodolfo Alonzo.

 

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