Algo de cierto tendrán las leyendas que con tanta atención se hicieron presentes en programas de medios de comunicación. No por nada Archivos Del Más Allá, transmitido por RCTV a principio de los 2000 junto al legendario micro de Radio Caracas Radio: Cuentos de Espanto y Brinco, hicieron que muchos padres durmieran apretados más de una vez.

En los pueblos venezolanos abundan historias determinantes en el folklore de cada uno: un jinete en una carreta secuestrando “damas de la noche” y un enano que muta a muñeco de resorte gigante son propiedades del Valle Capitalino. La creatividad en épocas de antorchas era bastante paranormal, hoy refugiada en locaciones donde el ocaso aun sentencia y la noche es un adiestrado verdugo de los incrédulos, mujeriegos y mal portados.

En las urbanizaciones Guaicay y La Bonita -del municipio Baruta- suelen comentar sus vecinos acerca de las velas colocadas en perfecta circunferencia, babas de 4 metros, restos de animales, ropa de “otra época”, una dama revestida de novia y cuerpos flotando que aparecen -y desaparecen- en un paisaje de 20 mil metros cuadrados de agua verde oscura. Una profundidad desconocida que, cual piscina privada y hecha a la medida, se esconde entre estas 2 zonas residenciales.

“La Laguna ya era famosa por sus cuentos cuando se tragó la grúa de construcción, yo todavía no vivía acá, vivía en frente” comentó Elizama, conserje del edificio Las Palmas y residente de La Bonita desde su llegada de Lisboa. Preocupada por un liceísta que casi se ahoga la semana anterior, argumentó sin escrúpulos para lograr crear algo de conciencia:  “Esta Laguna esta maldita, la gente se mete y no logra salir, está repleta de algas que pareciera que jalaran los pies; debería limpiarla y habilitarla”. Me dio la impresión de que Elizama creía en los mitos urbanos referentes al lugar, así que pregunté acerca de la mujer revestida de novia. “Las únicas mujeres en blanco que he visto ahí son las santeras que se vienen con los novios a matar animales y a yo no sé qué más. Cada vez que los veo llamo a la policía porque eso no trae nada bueno” dijo antes de persignarse, dejando claro que el verdadero temor era hacia los vivos hechiceros.

Por la zona me topé con Juan Mijares, vigilante del edificio Don Gustavo en Guaicay y residente de Las Minas. “Mijo yo a esa mujer sí la he visto y más de una vez, ella no te hace nada pero sustos pega” explicó Juan, quien jamás se ha bañado en la laguna pero la frecuenta algunos domingos para pescar y beberse un aguardiente desde hace más de 10 años.

Tal misteriosa concentración de agua se formó en los años sesenta cuando, por un movimiento natural de tierra, empezó a desembocar agua subterránea proveniente de la Quebrada La Guairita, el cauce de agua más grande del Municipio después del prominente Río Guaire. La alberca natural se convirtió inmediatamente en una atracción para los niños de la zona. “Era otra época, uno iba para allá todos los días y estaba totalmente limpia esa agua, no habían santeros ni nada de esa vaina, recuerdo que siempre fue un problema salir del lago y no pasó mucho tiempo cuando se empezó a ahogar gente” dijo evocando recuerdos Benedicto Gonzalez, de 58 años, quien ha vivido en el pueblo de Baruta durante toda su vida. “Cuando murió el primer chamo, un primo de unos panas del pueblo que no era de por acá, se armó un zaperoco entre las mamás y dicen que una de ellas era las que se vestía de novia para que los carajitos se cagaran”. Soltó una carcajada un poco cínica y siguió. “La policía siempre pasaba cagándonos, decían que se ahogó otro chamo de Las Minas para que no fuéramos más” ¿Y la prensa? pregunté. “No hijo…de eso se enteraba el pueblo y más nadie”. Luego de conversar un poco más afuera del taller La Mosca donde trabaja Benedicto, le pedí que me acompañara a la laguna para fotografiarlo y se negó.

Son innegables los misterios del pozo, quienes son seducidos por el peligro y la prohibición se atreven a sumergirse en sus aguas con décadas de víctimas. El Capitan Trejo, al servicio de los bomberos de La Trinidad, afirmó que todos los años muere alguien en La Laguna. En el 2016 hubo varios llamados de emergencia, a lo cual Trejo dijo que “lamentablemente uno fue para rescatar un cuerpo y otros 2 fueron falsas alarmas”. Aclaró que no cree en nada fantasioso pero que la suerte se torna negativa cuando se llega a ese lugar. “Si la gobernación sabe que todos los años muere alguien ahogado, al menos unas escaleras deberían poner”.

El cuerpo policial no accedió a una entrevista formal y solo un patrullero colaboró diciendo que a ellos los llaman para botar a los santeros y a los borrachos porque molestan a los vecinos.

Si en estos tiempos, en un punto específico de una metrópolis como Caracas, existe un desasosiego espectral donde el ocaso es amanecer para muchos, sobre todo mal portados; los cuentos de porches, donde quedan y quedaron, algo han de tener de cierto.

 

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