En una ciudad donde hasta el menos ágil tiene que “hacer malabares” para conseguir las cosas del día a día, paradójicamente, el malabarista, ese de convicción y profesión, tiende a ser mal visto, más aún cuando ofrece su arte en una intersección vial controlada por un semáforo.

Los artistas de calle en Venezuela suelen ser subestimados y hasta tildados de vagos. Para algunas personas estos seres que lanzan “peroles” al aire y los recogen con cierta destreza y gracia, no son más que chamos sin oficio que prefirieron ser limosneros antes de estudiar una carrera universitaria o trabajar de obrero por un sueldo mínimo más “Cesta Tristes”. Total, un empleo de quince y último siempre dignifica más que hacer lo que tú verdaderamente amas. ¡Paja!

Caracas está llena de gente que diariamente pone a prueba su talento en agencias de publicidad, productoras audiovisuales, obras de teatro, restaurantes, periódicos, grandes empresas, entre otras, pero también hay personas haciendo lo mismo en el Bulevar de Sabana Grande, en la Av. Andrés Bello, en Plaza Venezuela, en el Cafetal, y en el semáforo que da paso a la salida de la Autopista Francisco Fajardo a la altura del Parque Miranda. Es precisamente aquí, en este punto que conecta al noreste caraqueño con el resto de la ciudad, donde varios malabaristas-vagos-limosneros-malandros (según quien los mire) realizan sus mini shows circenses ante un público que, resguardado en su vehículo,  debate entre ignorarlos por temor a que lo roben o en el mejor de los casos, bajar el vidrio y darle un billete de 5, 20, 50, o 100 bolívares por su presentación.

Quisimos conocer a cuatro de estos artistas callejeros para saber quién es quién y ver si tumbábamos algunos prejuicios.

 

Nombre: Zeus

Edad: 28
Años en el oficio: 11
Ganancias: entre Bs. 500 y Bs. 20.000
Horas diarias de trabajo: entre 7 y 8 horas

“Todo fluye dependiendo de la actitud que le pongas al acto”

Zeus es egresado de la Escuela Cristóbal Rojas, mención Arte Puro, y de la Escuela de Circo Prometeo (Flores de Catia). Vive en Los Magallanes de Catia y tiene dos hijos. “Lo más importante de esto es hacerlo con buena vibra”, dice. Empezó a los 17 años por mera curiosidad y esto lo ha ayudado a criar a sus dos niños. Aparte de tener este oficio, también es muralista y tapicero. “Estoy haciendo esto porque aquí fluye más el dinero. Ya no me sale tanta chamba como antes”, aclara. Su especialidad son las clavas y las antorchas, y prefiere usar las que realiza con sus manos. “Estoy buscando un point para dictar talleres de creación de malabares a partir de material reciclado, comprar equipos nuevos sale demasiado caro”, asegura. Zeus nos cuenta que un 31 de diciembre llegó a recolectar Bs.F. 50.000 en un semáforo.

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Nombre: Fraklin Fonseca
Edad: 32
Años en el oficio: 15
Ganancias: entre Bs. 5.000 y Bs. 25.000
Horas diarias de trabajo: entre 6 y 8 horas

“Hay semáforos que la dan, otros que no la dan”

Franklin es cocinero. Tiene un hijo de 11 años y vive en Petare. Desde hace una semana trabaja en este semáforo. “Antes laboraba en Plaza Venezuela pero la policía me jodía mucho ahí”, nos dice. Él empezó a hacer malabares por curiosidad y terminó descubriendo que esto podría ser un buen resuelve. Ha trabajado como oficial de seguridad pero ahorita está desempleado. Su especialidad son los malabares con el “Devilstick”. El que utiliza en esta oportunidad fue hecho a mano por él mismo con materiales de provecho: palo de escoba picado a la mitad cubierto con tripa de bicicleta que sirve como aislante. En cada punta tiene una antorcha hecha con tela de jean, la cual moja en gasolina para luego encenderlas antes de cada rutina. “La gasolina solo me la venden en lugares que ya me conocen y saben que no voy a hacer nada malo con eso”, afirma. Nos cuenta que le gustaría que en Venezuela existieran más teatros y circos donde pudiese realizar su oficio.

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Nombre: Gregory José

Edad: 29
Años en el oficio: 18
Ganancias: entre Bs. 2.000 y Bs. 9.000
Horas diarias de trabajo: 12 horas dependiendo del día.

“El policía me dijo que los malabares no son cultura. Maldito ignorante”

Gregory es artista de calle, electricista y herrero. Al Igual que Zeus, es oriundo de Catia. Hace malabares desde los once años. “Yo aprendí cuando estudiaba en el Instituto Técnico Jesús Obrero, estaba carajito”, afirma. Le gusta trabajar en el Este de Caracas porque opina que la gente de esta zona es más abierta y receptiva con su arte. “El dinero es importante, no te lo niego. Pero yo prefiero un aplauso o una sonrisa antes que unos reales mal dados”, nos cuenta. También mata tigres en eventos y fiestas privadas para redondear la quincena. “Lo principal es conseguir la plata para la comelona. Y si queda algo, bueno unas birritas… un porrito de vez en cuando tampoco está mal”. Ha tenido varios inconvenientes con motorizados que se creen dueños de la calle y uno que otro policía que le ha quitado sus implementos de trabajo. “Hoy mismo un policía me dijo que los malabares no son cultura, que son ilegales… me dieron ganas de decirle ignorante en su cara, pero no lo hice porque me amenazó con llevarme preso si no me movía del otro semáforo donde estaba. Maldito ignorante”. Gregory es especialista en el manejo de las antorchas y las clavas.

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Nombre: Adrián García
Edad: 24
Años en el oficio: 14
Ganancias: entre Bs. 3.000 y Bs. 25.000
Horas diarias de trabajo: 12 horas dependiendo del día.

“No somos vagos, trabajamos 12 horas al día”

Adrián está casado. Tiene dos hijos y vive en Petare. “Yo soy un artista de la calle y con esto mantengo a mi familia”, cuenta. Está haciendo malabares desde los 10 años, empezó por curiosidad pero la situación económica del país lo ha llevado a trabajar en los semáforos de los municipios Sucre y Libertador, donde normalmente lo dejan laborar. Los mejores días para él son los viernes y sábados porque puede ganar entre  20.000 y 25.000 bolívares si el día está bueno. En esta ocasión realiza su rutina con naranjas porque los policías les quitaron las pelotas de trabajo.“Entre nosotros -los artistas de calle- hay buena convivencia, nos vamos rotando los semáforos uno y uno. Hay que dejar trabajar para que te dejen trabajar”, nos dice. Su mayor lucha es en contra del estigma que la gente tiene sobre los artistas callejeros: “No somos vagos, trabajamos doce horas al día y aparte, esto es cultura, viene del circo”, afirma. No le gustaría que sus hijos tuvieran que hacer lo mismo que él más que por diversión.

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