Caracas es una ciudad de contrastes. Basta caminarla un poco para notar radicales diferencias en todo lo que la conforma: calles; parques; fachadas; aceras; islas; personas. Todo muta, todo cambia. El “darwinismo social” hace que el caraqueño se adapte y sobreviva.

En los últimos meses, la otrora “Ciudad de los techos rojos” se ha visto invadida por vendedores ambulantes, ex convictos, malandros reformados, enfermos terminales (falsos y reales) y pedigüeños de oficio que ,exponiendo sus miserias, apelan a la buena voluntad del venezolano para resolver su día a día.

Miguel Ángel Pazmiño Fernández, mejor conocido como el “El Dragón de la Muerte”, es una de esas tantas personas que -desde su silla de ruedas- estira el brazo, echa una bendición y esboza una sonrisa mientras pide una colaboración.

Miguel Ángel tiene 40 años, 16 los ha pasado en silla de ruedas y desde hace 12 se gana la vida pidiendo en los semáforos de Chacao.

SU HISTORIA.

Consciente de su realidad pero muy sonriente, Miguel Ángel nos recibió con el buen humor que lo caracteriza. Después de un efusivo saludo comenzó a hablar de él sin que tuviésemos que preguntarle casi nada.

“Muy buenas noches, mi gente de aquí en Venezuela. Primeramente que todo, salud para todos. Mi nombre es Miguel Ángel Pazmiño Fernández. Soy una persona con una discapacidad por un accidente que sufrí en una moto en el 99. Un 12 de octubre, lo recuerdo clarito. Sin embargo, tengo mi autoestima por el espacio. Tengo salud que es lo primordial y tengo un propósito que mi dios me dio; aún no sé cuál es pero él me lo dio”.

Pazmiño lleva 12 años trabajando en los semáforos de Chacao, específicamente en el de la esquina de sur de la Plaza Altamira y el que está al final de la Av. Libertador (que da paso a la autopista).

“Estoy por estos lados desde que Irene Sáez era alcaldesa. Eran tiempos rudos, había mucha seguridad y la policía no me dejaba trabajar tranquilo. A las poli-patinetas no les gustaba verme pidiendo. Muchas veces me llevaron preso, me caían a palo limpio y me quitaban la silla de ruedas. Con Leopoldo (López) fue peor; muchas veces pasaba a mi lado mientras trotaba y cinco minutos después venían los guardias y me llevaban. Eso sí, mano, no me quitaban la plata. Me rompían los billetes pero no me los robaban. Lo peor fue una vez que me dejaron tirado por allá arriba por la Cota Mil,  tuve que venir arrastrándome hasta Altamira. Una vez intentaron hasta matarme por andar haciendo esto”.

¿Qué diferencias hay entre el Chacao de hace doce años y este de ahora?  
Mucha, hermano. Antes habían reglas, disciplinas, normas y ordenanzas. Ahora es más relajado. Yo conozco a los policías de tránsito y me respetan, aunque algunos también me tratan mal. Ahorita me pidieron que me moviera de aquí, que subiera un poco más arriba y les hice caso. Yo me porto bien, mano.

¿Has sido víctima de la delincuencia?
Claro, como te digo, me han robado varias veces. Me han quitado los reales los mismos policías. Hace unos meses pasé 10 días tirado en el piso del estacionamiento del Rucio Moro, ese restaurante que ahorita está cerrado y que era de Reinaldo Armas. Diez días ahí, manito, porque un día me fui a tomar unas birritas en la discoteca Grenwich, tú sabes, pa’ vacilar, y bueno, me quedé dormido en la calle. Cuando desperté no tenía la silla, me la habían robado. Mi hermano me ayudó a conseguir esta con una señora por internet y aquí estoy. La salud es lo más importante; mientras que yo tenga salud, trabajo por mí y por mis hijos.

Luego del accidente, el matrimonio entre Miguel y su esposa se deterioró hasta llegar al punto del divorcio. No obstante, esto no ha sido impedimento para que él siga ocupándose económicamente de sus hijos:

“Hasta el 99 mi vida era normal: Tenía a mi esposa, a mis hijos y trabajaba como ‘Deshuesador de Res´ en el Matadero Caracas en Las Adjuntas hasta que tuve el accidente en moto. Tengo tres hijos: Dani Daniel Pazmiño Salas (11 años), Yorandel Andreina (7 años) y Yorwin Alfredo Pazmiño Salas (4 años).  Ahorita no -gritó ante un cornetazo que lo interrumpió- , estoy dándole una entrevista a mis amigos…”

“… Ajá, te sigo contando. Después del accidente me separé de mi esposa y me fui a vivir con mi mamá en San Martín. La compañía en la que trabajaba me pensionó por mi discapacidad y mis hijos, hasta hoy día,  reciben ese dinero más lo que yo les mando cada final de mes. Por eso trabajo todos los días aquí, de lunes a lunes de 4:00 p.m. a 10:00 p.m  aunque siempre llego antes y me quedo saludando primero a todo el mundo. La gente me ayuda burda. Yo todos los días hago una repartición: tanto pa’ mis hijos, tanto pa’ mi mamá y tanto pa’ mí. A mí quien más me ayuda es dios”.

“Con mi santo pa’ lante botando candela a todo lo malo que venga”

ENCUENTRO CON LA MUERTE Y NACIMIENTO DEL DRAGÓN.

“La vaina fue así: yo tenía mi  GT150 (moto) que me había comprado con lo reales que me rebuscaba sacando carne del matadero, tú sabes como es. Y bueno, un día estaba jugando barajas con unos panas y llegaron unos mala conducta a pegarme un quieto y yo arranqué de una, le metí chola a la moto pero ellos me cayeron a tiros. Veintitrés tiros, mano. Me dieron veintitrés tiros y choqué contra una grúa, me disloqué la cadera. Un solo tiro fue lo que me dieron en la L1 (primera vértebra lumbar de la columna) y por eso es que estoy en esta silla”.

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Y el apodo del Dragón de la Muerte, ¿de dónde viene?
Esto es don que dios me dio, primeramente mi dios y Eleguá -deidad en la Santería- que fue el que me bautizó con ese nombre: Dragón de la Muerte. Todo eso fue después de que me tirotearon. Mi abuela que era santera me llevó a la Montaña de Sorte en Yaracuy porque los médicos decían que yo no iba a caminar más nunca. Ella, como era materia suprema en la religión, me bautizó por medio de Eleguá y Changó: “Con mi santo pa’ lante botando candela… Cristo Fue. A todo lo malo que venga”, gritó recordando el momento.

Por último mezcló el contenido de un pote de spray con el fuego de un yesquero y lanzó la llamarada que lo identifica, la que rinde honor  al nombre con el que fue bautizado en Sorte.

Texto por: Rodolfo Alonzo.

Fotos Por: Pavlo Castillo ( IG: @PavloCastillo_)

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