¿Bitqué?

A menudo nos vemos en situaciones en las que asentimos respecto a un tema cualquiera únicamente para quedar bien, cuando realmente desconocemos por completo de qué nos hablan. El término Bitcoin ha dejado fuera de base a más de una persona y es tiempo de aclarar su naturaleza e implicaciones por el bien de la economía –o nuestros aligerados bolsillos.

El bitcoin es una criptodivisa comúnmente señalada como moneda digital, instaurada en el 2009. Su principal atractivo recae en una total descentralización: no responde ni depende de la confianza de un eje central, así como tampoco se ve respaldada por ningún gobierno. Actualmente dicho sistema monetario cuenta con notable popularidad y esparcimiento tanto local como en un ámbito internacional.

Al igual que básicamente todo referente o elemento económico, el sistema Bitcoin y su debida valoración están sujetos a la oferta y demanda del mismo. No obstante, presenta un añadido particular: conforme a las reglas de la masa monetaria, la cantidad de bitcoins en circulación nunca podrá exceder los 21 millones de unidades. Esto, si bien no cercena en absoluto la volatilidad de la divisa, establece ciertas ataduras en el circuito cerrado. Es decir, limita la posibilidad de generación de unidades de bitcoin.

A inicios del 2011 la unidad estaba cotizada a US$ 1 y en la primera semana del año en curso llegó a su valor más alto hasta la época, situándose por encima de los US$ 1000 por unidad. Posterior a dicho pico se ha alojado en un promedio de US$ 920, de modo que tener un bitcoin hoy equivale más o menos a 3 millones de bolívares.

Hay más: gracias a portales web como Localbitcoin y Surbitcoin es posible comprarlos con bolívares para revenderlos en el exterior en dólares americanos –qué más querríamos a estas alturas de tan obstaculizada vida. Ahora bien, existe una forma de obtener bitcoins distinta a simplemente comprarlos y es donde reside el meollo oscuro del asunto, el elemento desconcertante, “minar”.

En el sistema las transacciones de bitcoins se almacenan en conjuntos de hojas denominados “bloques”, estos fungen de libro contable en donde se escriben las transacciones. Ahora bien, lo que hacen los minadores es, a través de máquinas (poder de cómputo), dan con la solución matemática para obtener derecho a escribir dichos bloques y encontrar retribución (bitcoin coinbase). Más concretamente es el proceso donde se generan los bloques del bitcoin, los nodos con mayor poder de cómputo se ganan del derecho de escribirlos y la recompensa por ellos y los demás validan que el bloque cumpla con el consenso de la red. En términos sencillos, el proceso consiste en descifrar constantemente códigos para sucesivamente obtener más bitcoins.

Es importante aclarar que esto no sólo permite generar más riquezas a quien realiza el trabajo de “minar”, pues más importante aún, mantiene activa y asegurada la red. Además del número limitado de unidades, el sistema ajusta la dificultad de los cifrados matemáticos en función de que sólo se pueda resolver uno cada 10 minutos de modo que haya más regulación.

Se ha dicho que los costos eléctricos internacionales han provocado que la inversión en este sistema haya mermado. En contra parte, países con bajos costos de energías –como lo es absurdamente el nuestro- se ven beneficiados y por consiguiente aumenta cada vez más la inversión en esta divisa.

A sabiendas de esto pareciera ridículo no optar por invertir en una máquina para minar bitcoins, ¿por qué no apostar por un mercado de futuro tan promisorio? La respuesta es sencilla: la máquina no es un tiro al piso, necesita una mente más allá de los cálculos y ahí es cuando es necesario, como en cada sistema monetario, el conocimiento y dominio de estrategia. Actualmente un ordenador promedio dedicado a minar es capaz de generar un retorno de inversión –US$ 900 aprox.- en un lapso de tiempo alrededor de un año, sin contar costos variables.

Sumándole a esto la ventaja de doble filo que representan los avances tecnológicos y surgimientos de nuevos equipos, no resulta nada extraño encontrarse con un montón de fracasos en “emprendedores” que se suman a la causa.

El neo-interesado casual tiende a pensar que el negocio de bitcoins se resume en multiplicación de dinero tras una inversión relativamente baja, lo cual si bien no está del todo errado, omite el elemento quizás más importante de esta moneda: la confianza que va construyendo poco a poco y de forma sostenida. La variabilidad de costo del bitcoin sólo ha decrecido desde que nació. Lo que esto quiere decir es que poco a poco va llegando a consolidar un precio bastante estable que lo posiciona básicamente como oro digital. En ese sentido, una decisión quizás no tan popular pero sin duda válida reside en invertir en bitcoins no como método de enriquecimiento instantáneo sino más bien de almacenamiento de dinero en función del posicionamiento de la criptodivisa en el mercado.

El acceso de compra mediante dicho sistema es extremadamente amplio: desde artículos en medios electrónicos, boletos aéreos, servicios diversos y transacciones interpersonales hasta un alquiler de hotel lujoso en Grecia y un Mini Submarino último modelo.

En un orden de ideas bastante más depravado, el posicionamiento de esta moneda en el mercado global, voluntariamente o no, encontró un aliado tan conveniente como vasto: la Deep Web. Hablar de la naturaleza de este fenómeno digital tomaría unas cuantas líneas de más, así que sinteticemos de la mejor manera posible: La Deep Web es una red oculta de sitios web y bases de datos invisibles para los buscadores comunes de la internet. En ella abunda contenido casi siempre controversial o grotesco, así como también secreto o desconocido. Un elemento fundamental en esta red es el comercio, ya que en ella se puede comprar cuernos de rinoceronte en extinción, armas de guerra, drogas, asesinos y hackers a sueldo, órganos humanos, documentación falsificada, cuentas de Netflix y mucho más. Existen incluso servicios pagos dedicados al suicidio y filtración de información a la palestra pública en caso de desaparición o muerte.

Ahora bien, aquí es donde entra en juego el Bitcoin: debido a la ilegalidad de la gran mayoría de bienes y servicios que ofrecen, la Deep Web encuentra sumamente oportuna la famosa criptodivisa puesto que permite transacciones irrastreables, otorgando máxima confidencialidad.

Aproveche pues e invierta o almacene sus paupérrimas ganancias de manera inteligente –y responsable, si se quiere-, que a fin de cuentas aquí están más que perdidas.

P.D: Navegamos un rato por las aguas turbias y esto fue lo que encontramos:

 

 

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