Cada temporada parece un viaje en drogas. Sí. Puede sonar cliché, pero quienes hayan visto esta serie entenderán lo que quiero decir. Atlanta es una de esas particulares creaciones que se distingue de manera evidente de las demás porque su narrativa, como la de Fear and Loathing in Las Vegas, Blue Velvet o Eyes Wide Shut, es similar a un viaje psicodélico digno de David Lynch.

La historia de un grupo de afroamericanos en Atlanta y sus “aventuras” por el bajo mundo del rap y la venta de drogas pasa de la realidad a lo absurdo sin que te puedas poner cómodo. Este, definitivamente, es el factor clave de esta aclamada serie escrita por Donald Glover (AKA Childish Gambino) que, aunque estrenada en 2016, ahora es que la gente está dándose el chance de apreciar (también porque llegó a Netflix hace poco).

En esta época tan extraña y volátil en la que Kanye nos invita a cuestionar la esclavitud y el presidente de los Estados Unidos propone dar armas a los profesores para acabar con los tiroteos en los colegios, la serie de FX se disfraza de comedia corta (de 20 a 30 minutos) para agarrarnos desprevenidos antes de lanzarnos a un mundo surreal que sus creadores admitieron que querían que se sienta como un Fever Dream, donde desde mascotas lagartos hasta carros invisibles y Justin Biebers negros convergen con racismo, white-supremacists, pobreza y asesinato en una de las ciudades más desahuciadas de los Estados Unidos.

Claramente los venezolanos podemos sentirnos más identificados con esa realidad sin filtro que presentan Donald Glover y Hiro Murai, pues tenemos más similitudes que con los blancos norteamericanos, pero no deja de ser reveladora la situación de una sociedad y cultura marginada a ser una simple historia que cuentan los raperos que lo lograron, donde nadie habla de quienes mueren antes de su segundo mixtape o de lo que es cargar un hierro 24/7 en los Estados Unidos, ese país con el que sueña tanta gente.

Atlanta sí habla de esas verdades incómodas, sorprendentemente distanciándose también de los movimientos sociales actuales, dictando su propio credo y apropiándose de nuevos cánones de crítica política en América, siempre a través de la historia de tres personajes: Earn, un College Dropout; Alfred, un rapero que está creciendo en el mundo del rap y Darius, un fan de las conspiraciones y gurú personal de la audiencia, que aunque en un principio estereotipados, se desenvuelven mostrando una curva y un nivel de profundidad tan complejo que permiten a la serie mostrarse en diferentes facetas y géneros cinematográficos todos anclados por el surrealismo y sus protagonistas que viven cada risa y tensión como si fuesen verdaderos.

El trabajo de fotografía y el soundtrack son del nivel de la narrativa y los guiones (muchos escritos por el hermano mayor de Donald) han dado en el clavo atrayendo premios y nominaciones en todas las temporadas de premios con tan solo 2 temporadas.

Muchos raperos y actores de la comunidad negra la han llamado la mejor representación del mundo del rap y sin cuidado la han tildado de ser la mejor serie de los últimos años, título que se consolida con una segunda temporada tan desgarradora como atractiva para todo el que disfrute de una buena historia.

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